Noche clara / Luis G. Urbina
Blanco de ensueño, blanco de los polares días,
blanco que fosforece, que las linfas estaña;
blanco en que se deshace la sombra de una extraña
niebla azul y profunda que borra lejanías.
La ondulación es lenta, rayada con estrías
de luz -maravillosa e inmensa telaraña-,
cuyo tejido frágil se rompe cuando baña
al remo, la corriente de muchas ondas frías.
Entonces ¡qué pródigo! ya el remo que se mueve
sobre el lago salpica gotas de plata y nieve,
que marcan de los botes los caprichos giros,
hasta que al fin se pierden con su movible estela
en la remota bruma -la azul y blanca tela-
que es polvo de diamantes en humo de zafiros.
blanco que fosforece, que las linfas estaña;
blanco en que se deshace la sombra de una extraña
niebla azul y profunda que borra lejanías.
La ondulación es lenta, rayada con estrías
de luz -maravillosa e inmensa telaraña-,
cuyo tejido frágil se rompe cuando baña
al remo, la corriente de muchas ondas frías.
Entonces ¡qué pródigo! ya el remo que se mueve
sobre el lago salpica gotas de plata y nieve,
que marcan de los botes los caprichos giros,
hasta que al fin se pierden con su movible estela
en la remota bruma -la azul y blanca tela-
que es polvo de diamantes en humo de zafiros.


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