La vuelta de los campos / Julio Herrera y Reissig
La tarde paga en oro divino las faenas...
Se evn limpias mujeres vestidas de percales,
trenzando sus cabellos con tilos y azucenas,
o haciendo sus labores de aguja en los umbrales.
Zapatos claveteados y báculos y chales...
dos mozas con sus cántaros y se deslizan apenas.
Huye el vuelo sonámbulo de las horas serenas.
Un suspiro de Arcadia pein los matorrales...
Con un silencio austero... Del charco que se nimba,
estalla una gangosa balada de marimba,
los lagos se amortiguan con espectrales lampos;
las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas...
Y humean, a lo lejos, las rutas polvorosas
por donde los laboriegos regresan de los campos.
Se evn limpias mujeres vestidas de percales,
trenzando sus cabellos con tilos y azucenas,
o haciendo sus labores de aguja en los umbrales.
Zapatos claveteados y báculos y chales...
dos mozas con sus cántaros y se deslizan apenas.
Huye el vuelo sonámbulo de las horas serenas.
Un suspiro de Arcadia pein los matorrales...
Con un silencio austero... Del charco que se nimba,
estalla una gangosa balada de marimba,
los lagos se amortiguan con espectrales lampos;
las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas...
Y humean, a lo lejos, las rutas polvorosas
por donde los laboriegos regresan de los campos.


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