La otra / Gabriela Mistral
Una en mí maté:
Yo no la amaba.
Era la flor flameando
Del cactus de montaña;
Era aridez y fuego;
Nunca se refrescaba.
Piedra y cielo tenía
A los pies y a espaldas
Y no bajaba nunca
Y buscar "ojos de agua".
Donde hacía su siesta,
Las hierbas se enroscaban
De aliento de su boca
Y brasa de su cara.
En rápida resinas
Se endurecían su habla,
Por no caer en linda
Presa soltada.
Doblarse no sabía
La planta de montaña,
Y al costado de ella,
Yo me doblaba.
La dejé que muriese,
Robándole mi extraña.
Se acabó como el águila
Que no es alimentada.
Sosegó el aletazo,
Se dobló, lacia,
Y me cayó a la mano
Su pavesa acabada.
Por ella todavía
Me gimen sus hermanas,
Y las gredas de fuego
Al pasar me desgarran.
Cruzando yo les digo:
Buscad por las quebradas
Y haced con las arcillas
Otra águila abrasada.
Si no podéis, entonces
¡Ay! olvidadla.
Yo la maté. ¡Vosotras
También matadla!
Yo no la amaba.
Era la flor flameando
Del cactus de montaña;
Era aridez y fuego;
Nunca se refrescaba.
Piedra y cielo tenía
A los pies y a espaldas
Y no bajaba nunca
Y buscar "ojos de agua".
Donde hacía su siesta,
Las hierbas se enroscaban
De aliento de su boca
Y brasa de su cara.
En rápida resinas
Se endurecían su habla,
Por no caer en linda
Presa soltada.
Doblarse no sabía
La planta de montaña,
Y al costado de ella,
Yo me doblaba.
La dejé que muriese,
Robándole mi extraña.
Se acabó como el águila
Que no es alimentada.
Sosegó el aletazo,
Se dobló, lacia,
Y me cayó a la mano
Su pavesa acabada.
Por ella todavía
Me gimen sus hermanas,
Y las gredas de fuego
Al pasar me desgarran.
Cruzando yo les digo:
Buscad por las quebradas
Y haced con las arcillas
Otra águila abrasada.
Si no podéis, entonces
¡Ay! olvidadla.
Yo la maté. ¡Vosotras
También matadla!
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